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Via Crucis en Jerusalem

Via Crucis en Jerusalem

Haga click en la foto de cada estación para seguir el Camino de la Cruz

 

Desde los primeros siglos, ciertos lugares de la actual ‘Vía Dolorosa’ fueron reverentemente marcados. Según la tradición, la Santísima Virgen rezaba con frecuencia en los lugares que su Hijo había recorrido el Viernes Santo.

El hecho de poder hacer allí el Vía Crucis, siguiendo las Estaciones de la Pasión, se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde el siglo IV, sin duda a raíz de la Paz otorgada a la Iglesia por el emperador Constantino, con lo que se multiplicaron las peregrinaciones a los Santos Lugares.

Se conservan descripciones como el de la peregrina Egeria quien relata los actos de culto que se celebraban en Jerusalén en la Semana Santa en los distintos lugares relacionados con la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Sin embargo, no hay ninguna forma fija para esta devoción en los primeros siglos. Probablemente fueron los franciscanos los que establecieron en sus iglesias el número de catorce estaciones, para que los fieles las recorriesen a imitación de los devotos peregrinos que iban personalmente a venerar los Santos Lugares de Jerusalén. Parece que la forma definitiva, según se suele practicar hoy, surgió en España. De aquí pasó a Cerdeña y a otros lugares. 

Los Testimonios que nos llegan desde el siglo XII sobre “la vía Sacra” o Via Crucis indican el inicio del mismo junto a la Torre Antonia (Fortaleza construida por Herodes y usada también como palacio). El recorrido finalizaba en la actual Iglesia del Santo Sepulcro que encierra el Monte Calvario y el Sepulcro mismo de Jesús. 

Para facilitar más este recorrido lo hemos dispuesto en un pequeño mapa señalando cada estación y acompañándola con la foto del lugar santo.

 A su vez cada estación del Vía Crucis consta de la cita bíblica, y de una pequeña meditación hecha por el entonces Cardenal Karol Wojtyla -Beato Juan Pablo II- (cf. Signo de Contradicción, BAC, 1978).

 


Oración inicial

Padre Santo y misericordioso, danos la gracia de acompañarte con fe y amor por el camino de la cruz, a fin de que, partícipes de la pasión de Cristo, podamos alcanzar con Él la gloria de tu Reino. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

 El patio interior del colegio El Omariye (musulmán)
está ubicado en el lugar donde según la tradición
estaba la torre mas alta de la Fortaleza  Antonia,
construida por Herodes e indicada
como sede del Pretorio donde fue condenado Jesús.

I Estación

Jesús es condenado a muerte

Imagen del Ecce Homo (He aquí el hombre)
que se conserva en la Capilla de la Condena,
en el convento Franciscano de la Flagelación
junto a la Vía Dolorosa.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Jn 19,14-16: Dice Pilato a los judíos: ‘Aquí tenéis a vuestro Rey’. Ellos gritaron: “¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale!” Les dice Pilato: ‘¿A vuestro Rey voy a crucificar?’ Replicaron los sumos sacerdotes: “No tenemos más rey que el César”. Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.

Meditación: La sentencia de Pilato fue dictada bajo la presión de los sacerdotes y de la multitud. La condena a muerte por crucifixión debería de haber satisfecho sus pasiones y ser respuesta al grito: «¡crucifícale! ¡crucifícale! » (Mc 15, 13-14, etc.),. El pretor romano pensó que podría eludir el dictar sentencia lavándose las manos, como se había desentendido antes de las palabras de Cristo cuando éste identificó su reino con la verdad, con el testimonio de la verdad (Jn 18, 38). En uno y otro caso Pilato buscaba conservar la independencia, mantenerse en cierto modo al «margen». Pero era sólo en apariencias. La cruz a la que fue condenado Jesús de Nazaret (Jn 18,36-37), debía afectar profundamente el alma del pretor Romano. Esta fue y es una Realeza, frente a la cual no se puede permanecer indiferente o mantenerse al margen.  

El hecho de que a Jesús, hijo de Dios, se le pregunte por su reino, y que por esto sea juzgado por el hombre y condenado a muerte, constituye el principio del testimonio final de Dios que tanto amó al mundo (cf. Jn 3,16).

También nosotros nos encontramos ante este testimonio, y sabemos que no nos es lícito lavarnos las manos.

 

 Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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La segunda estación esta recordada
en la parte externa de la capilla de la Condena,
al lado derecho de la Vía Dolorosa y
frente a la escuela musulmana del Omariye.

II Estación

Aquí
Jesús
carga con la cruz


La escena forma parte del retablo
en la pequeña capilla de la Condena
y muestra a Jesús que después
de ser condenado por Pilato
carga con la cruz.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Jn 19,17: Tomaron pues a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota.

Meditación: Empieza la ejecución, es decir, el cumplimiento de la sentencia. Cristo, condenado a muerte, debe cargar con la cruz como los otros condenados que van a sufrir la misma pena: «Fue contado entre los pecadores» (Is 53,12). Cristo se acerca a la cruz con el cuerpo entero terriblemente magullado y desgarrado, con la sangre que le baña el rostro, cayéndole de la cabeza coronada de espinas. ¡Ecce homo! (Jn 19,5). En el se encierra toda la verdad del hijo del hombre predicha por los profetas, la verdad sobre el siervo de Yahvé anunciada por Isaías: «Fue traspasado por nuestras iniquidades… y en sus llagas hemos sido curados» (Is 53,5). Está también presente en él, una cierta consecuencia, que nos deja asombrados, de lo que el hombre ha hecho con su Dios. Dice Pilato: «Ecce Homo» (Jn 19,5): «¡Mirad lo que habéis hecho de este hombre!». En esta afirmación parece oírse otra voz, como queriendo decir: «¡Mirad lo que habéis hecho en este hombre con vuestro Dios!».

Resulta conmovedora la semejanza, la interferencia de esta voz que escuchamos a través de la historia con lo que nos llega mediante el conocimiento de la fe. ¡Ecce homo!

Jesús, «el llamado Mesías» (Mt 27, 17), carga la cruz sobre sus espaldas (Jn 19,17). Ha empezado la ejecución.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

 

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El relieve del escultor Thaddeus Zkielinsky
muestra a Jesús que cae bajo el peso de la cruz.
Está sobre la entrada de una pequeña capilla
que recuerda este hecho, y es propiedad
del Patriarcado Armenio Católico.

III Estación

Aquí Jesús
cae por primera vez

 

 

Parte de la Vía Dolorosa camino
a la tercera estación.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Is 53,4-5: … Eran nuestras dolencias las que Él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios, humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz y con sus heridas hemos sido curados.       

Meditación: Jesús cae bajo la cruz. Cae al suelo. no recurre a sus fuerzas sobrehumanas, no recurre al poder de los ángeles. «¿Crees que no puedo rogar a mi Padre, quien pondría a mi disposición al punto más de doce legiones de ángeles?»(Mt 26,53). No lo pide. Habiendo aceptado el cáliz de manos del Padre (Mc 14,36), quiere beberlo hasta el final. Esto es lo que quiere. Y por esto no piensa en ninguna fuerza sobrehumana, aunque al instante podría disponer de ellas. Pueden sentirse dolorosamente sorprendidos los que le habían visto cuando dominaba a las humanas dolencias, a las mutilaciones, a las enfermedades, a la muerte misma. ¿Y ahora? ¿Está negado todo esto? Y, sin embargo, «nosotros esperábamos», dirán unos días después los discípulos de Emaús (Lc 24,21). «Si eres Hijo de Dios…» (Mt 27,40), le provocaran todos los miembros del sanedrín. «A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse» (Mc 15, 31; Mt 27,42), gritará la gente.

Y el acepta estas frases de provocación, que parecen anular todo el sentido de su misión, de los sermones pronunciados, de los milagros realizados. Acepta todas estas palabras, decide no oponerse. Quiere ser ultrajado. Quiere vacilar. Quiere caer bajo la cruz. Quiere. Es fiel hasta el final, hasta los mínimos detalles, a esa afirmación: «No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (cf. Mc 14,36).

Dios salvará a la humanidad con las caídas de Cristo bajo la cruz.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Una pequeña capilla, al lado izquierdo
de la Vía Dolorosa, también propiedad
del Patriarcado Armenio, recuerda
el encuentro de Jesús con Su Santísima Madre.

IV Estación

Aquí Jesús
encuentra a
Su Madre

 

 

Encuentro de Jesús con su Madre

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Lc 2,34-35: Simeón dijo a María, su madre: “Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser signo de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”.

Meditación: La Madre María se encuentra con su Hijo en el camino de la cruz. La cruz de Él es su cruz, la humillación de Él es la suya, suyo el oprobio público de Jesús. Es el orden humano de las cosas. Así deben sentirlo los que la rodean y lo capta su corazón: «…y una espada atravesará tu alma» (Lc 2,35). Palabras pronunciadas cuando Jesús tenía cuarenta días se cumplen en este momento. Alcanza ahora su plenitud total. Y María avanza, traspasada por esta invisible espada, hacia el Calvario de su hijo, hacia su propio Calvario. La devoción cristiana la ve con esta espada clavada en su corazón, y así la representa en pinturas y esculturas. ¡Madre Dolorosa! «¡Oh tú que has padecido junto con Él!», repiten los fieles, íntimamente convencidos de que así justamente debe expresarse el misterio de este sufrimiento. Aunque este dolor le pertenezca y le afecte en lo más profundo de su maternidad, sin embargo, la verdad plena de este sufrimiento se expresa con la palabra «compasión».

También ella pertenece al mismo misterio: expresa en cierto modo la unidad con el sufrimiento del Hijo.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Una capilla franciscana al lado izquierdo
de la Vía Dolorosa señala la V estación.
Desde allí, el camino sube gradualmente
hasta finalizar en el Calvario.

V Estación

Aquí
Simón de Cirene

ayuda a Jesús a
llevar la cruz


 

 

Padres Franciscanos
realizando el Vía crucis.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Lc 23,26: cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.

Meditación: Simón de Cirene, llamado a cargar con la cruz (cf. Mc 15,21; Lc 23, 26), no la quería llevar ciertamente. Hubo que obligarle. Caminaba junto a Cristo bajo el mismo peso. Le prestaba sus hombros cuando los del condenado parecían no poder aguantar más. Estaba cerca de él: más cerca que María o que Juan, a quien, a pesar de ser varón, no se le pide que le ayude. Le han llamado a él, a Simón de Cirene padre de Alejandro y de Rufo, como refiere el evangelio de Marcos (Mc 15,21). Le han llamado, le han obligado.

¿Cuánto duró esta coacción? ¿Cuánto tiempo caminó a su lado, dando muestras de que no tenía nada que ver con el condenado, con su culpa, con su condena? ¿Cuánto tiempo anduvo así, dividido interiormente, con una barrera de indiferencia entre él y ese hombre que sufría? «estaba desnudo, tuve sed, estaba preso»(cf. Mt 25,35.36), llevaba la cruz…¿la llevaste conmigo?…¿la has llevado conmigo verdaderamente hasta el final? No se sabe. San Marcos refiere solamente el nombre de los hijos del Cireneo y la tradición sostiene que pertenecían a la comunidad de cristianos allegada a san Pedro (cf. Rom 16,13).

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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El oratorio que recuerda este episodio
esta recientemente restaurado y es propiedad
del Patriarcado greco-católico.
Debajo del mismo se han encontrado
las ruinas de una capilla  del periodo bizantino.
Actualmente las “Pequeñas Hermanas de Jesús”
están a cargo del mismo.

VI Estación

Aquí
la Verónica enjuga
el rostro
de Jesús


 

 

En la imagen la Verónica
muestra a la Santísima Virgen
el lienzo con el cual enjugó el rostro de Cristo.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Is 53,2-5: creció como un retoño… como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; le vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.

Meditación: La tradición nos habla de la Verónica. Quizá ella completa la historia del Cireneo. Porque lo cierto es que aunque, como mujer, no carga físicamente la cruz y no se la obliga a ello llevó sin duda está cruz con Jesús: la llevó como podía, como en aquel momento era posible hacerlo y como le dictaba su corazón: limpiándole el rostro.

Este detalle, referido por la tradición, parece fácil de explicar: en el lienzo con el que secó su rostro han quedado impresos los rasgos de Cristo. Puesto que estaba cubierto todo él de sudor y sangre, muy bien podía dejar señales y perfiles.

Pero el sentido de este hecho puede ser interpretado también de otro modo, si se considera a la luz del sermón escatológico de Cristo. Son muchos los que indudablemente preguntarán: «Señor ¿cuando hemos hecho todo esto?» Y Jesús responderá: cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).

El salvador, en afecto, imprime su imagen sobre todo acto de caridad, como sobre el lienzo de la Verónica.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Hasta este lugar llegaban las murallas
de la ciudad de Jerusalén en el tiempo de Jesús.
Una pequeña capilla a cargo de los Franciscanos
recuerda la segunda caída.

VII Estación

Aquí Jesús
cae por segunda vez

 

 

Este cuadro se conserva en el interior
de la capilla de la VII estación.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Flp 2,6-8: Tened entre vosotros los mismos sentimientos que Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.

Meditación: «Yo soy un gusano, no un hombre; el oprobio de los hombres y el desecho del pueblo» (sal 22 [21],7): las palabras del salmista-profeta encuentra su plena realización en estas estrechas, arduas callejuelas de Jerusalén, durante las últimas horas que preceden a la Pascua. Ya se sabe que estas horas, antes de la fiesta, son extenuantes y las calles están llenas de gente. En este contexto se verifican las palabras del salmista, aunque nadie piense en ellas. No se detienen en ellas ciertamente todos cuantos dan pruebas de desprecio, para los cuales este Jesús de Nazaret que cae por segunda vez bajo la cruz se ha hecho objeto de escarnio.

Y El lo quiere, quiere que se cumpla la profecía. Cae, pues, exhausto por el esfuerzo. Cae por voluntad del Padre, voluntad expresada asimismo en las palabras del profeta. Cae por propia voluntad, porque «¿cómo se cumplirían, si no, las Escrituras?» (Mt 26,54): «Soy un gusano y no un hombre» (Sal 22 [21], 7); por tanto ni siquiera «Ecce Homo» (Jn 19,5); menos aún, peor todavía.

El gusano se arrastra pegado a tierra; el hombre en cambio, como rey de las criaturas, camina sobre ella. El gusano carcome la madera: como el gusano, el remordimiento del pecado roe la conciencia del hombre. Remordimiento por esta segunda caída.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Este episodio es recordado con una cruz
que se halla en el exterior del muro
de un convento griego.

VIII Estación

Aquí Jesús
consuela a las
mujeres de Jerusalén

 

 

Imagen del Vía Crucis que se realiza
cada viernes por las calles de Jerusalén.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Lc 23,27-28: Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús volviéndose hacia ellas, dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos”.

Meditación: Es la llamada al arrepentimiento, al verdadero arrepentimiento, a pesar, del mal cometido. Jesús dice a las hijas de Jerusalén que lloran su vista: «No lloréis por mí; llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos» (Lc 23,28). No podemos quedarnos en la superficie del mal hay que llegar a su raíz, a las causas, a la más honda verdad de la conciencia.

Esto es justamente lo que quiere darnos a entender Jesús cargando con la cruz, que desde siempre «conocía lo que en el hombre había» (Jn 2,25) y siempre lo conoce. Por esto Él debe ser en todo momento el más cercano testigo de nuestros actos y de los juicios que sobre ellos hacemos en nuestra conciencia.

Quizá nos haga comprender incluso que estos juicios deben ser ponderados, razonables, objetivos –dice: «No lloréis»–; pero, al mismo tiempo, ligados a todo cuanto esta verdad contiene: nos lo advierte porque es Él el que lleva la cruz.

Señor, ¡dame saber vivir y andar en la verdad!

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Una columna junto a la puerta
del convento copto (al final de esta calle)
recuerda  la tercera caída de Jesús.

IX Estación

Aquí Jesús
cae por tercera vez

 

 

Vía Crucis según Cavallino.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Sal.22,7-9: Yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo, todos los que me ven se mofan de mí, tuercen los labios, menean la cabeza: “Se confió a Dios, ¡que Él lo libre, que le salve, si tanto lo quiere!”

Meditación: «Se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Fil 1,8 ). Cada estación de esta Vía es una piedra miliar de esa obediencia y de ese anonadamiento.

Captamos el grado de este anonadamiento cuando leemos las palabras del profeta: «Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros» (Is 53,6).

Comprendemos el grado de este anonadamiento cuando vemos que Jesús cae una vez más, la tercera, bajo la cruz. Cuando pensamos en quién es el que cae, quién yace entre el polvo del camino bajo la cruz, a los pies de gente hostil que no le ahorra humillaciones y ultrajes…

¿Quién es el que cae? ¿Quién es Jesucristo? «Quién, existiendo en forma de Dios, no reputó como botín codiciable ser igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz»(Fil 2,6-8).

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Entrada a la Basílica del Santo Sepulcro.
Una escalera junto a esta puerta
nos lleva hasta la capilla del Calvario,
donde se recuerdan las estaciones
X, XI y XII del Via Crucis.

X Estación

Aquí Jesús
es despojado
de sus vestiduras

 

 

El “Ecce Homo” según Caravaggio

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Jn 19,23-24: Los soldados, después que crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos, con los que hicieron cuatro lotes, un lote para cada soldado, y la túnica. La túnica era sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo. Por eso se dijeron: “No la rompamos; sino echemos a suertes a ver a quién le toca”. Para que se cumpliera la Escritura: ‘Se han repartido mis vestidos, han echado a suertes mi túnica’. Y esto es lo que hicieron los soldados.

Meditación: Cuando Jesús despojado de sus vestidos, se encuentra ya en el Gólgota (cf. Mc 15,24), nuestros pensamientos se dirigen hacia su Madre: vuelven hacia atrás, al origen de este cuerpo que ya ahora, antes de la crucifixión, es todo él una llaga (cf. Is 52,14).

El misterio de la Encarnación: El Hijo de Dios toma cuerpo en el seno de la Virgen (cf. Mt 1,23; Lc 1,26-38). El Hijo de Dios habla al Padre con las palabras del salmista: «No te complaces tú en el sacrificio y la ofrenda…, pero me has preparado un cuerpo» (Sal 40 [39], 8.7; Heb 10,7). El cuerpo del hombre expresa su alma. «Entonces dije: ‘¡Heme aquí que vengo!’…para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad»(sal 40[39],9; Heb 10,7). «Yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8,29). Este cuerpo desnudo cumple la voluntad del Hijo y del Padre en cada llaga, en cada estremecimiento de dolor, en cada músculo desgarrado, en cada reguero de sangre que corre, en todo el cansancio de sus brazos, en los cardenales de cuello y espaldas, en el terrible dolor de las sienes. Este cuerpo cumple la voluntad del Padre cuando es despojado de sus vestidos y tratado como objeto de suplicio, cuando encierra en sí el inmerso dolor de la humanidad profanada.

El cuerpo del hombre es profanado de varias maneras. En esta estación debemos pensar en la Madre de Cristo, porque bajo su corazón, en sus ojos, entre sus manos, el cuerpo del Hijo de Dios ha recibido una adoración plena.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 


 

Altar de la Crucifixión, junto al lugar del Calvario.
Es propiedad de los Franciscanos.

XI Estación

Aquí Jesús
es clavado
en la Cruz

 

 

“La crucifixión” de Jesús.

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Lc 23,33: Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre perdónales, porque no saben lo que hacen”.

Meditación: «Han taladrado mis manos y mis pies y puedo contar todos mis huesos» (Sal 22, 17-18). «Puedo contar…»: ¡qué palabras proféticas! Sabemos que este cuerpo es un rescate. Un gran rescate es todo este cuerpo: las manos, los pies y cada hueso. Todo el Hombre en máxima tensión: esqueleto, músculos, sistema nervioso, cada órgano, cada célula, todo en máxima tensión. «Yo, si fuere levantado de la tierra, atraeré a todos a mí» (Jn 12, 32). Palabras que expresan la plena realidad de la crucifixión. Forma parte de ésta, también la terrible tensión que penetra las manos, los pies y todos los huesos: terrible tensión del cuerpo entero que, clavado como un objeto a los maderos de la cruz, va a ser aniquilado hasta el fin, en las convulsiones de la muerte. Y en la misma realidad de la crucifixión entra todo el mundo que Jesús quiere atraer a Sí (cf. Jn 12, 32). El mundo está sometido a la gravitación del cuerpo, que tiende por inercia hacia lo bajo.

Precisamente en esta gravitación estriba la pasión del Crucificado. «Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba» (Jn 8, 23). Sus palabras desde la cruz son: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 


 

El icono de Jesús crucificado se halla en el centro
de la capilla del Calvario, junto a los de la Santísima Virgen
y San Juan Evangelista. Debajo de la imagen de Jesús
se encuentra el altar que protege el lugar
donde fue levantada la Cruz. A ambos lados del altar
se puede ver aun hoy parte de la roca del Calvario.
Esta capilla pertenece a los griegos ortodoxos.

XII Estación

Aquí Jesús
muere
en la Cruz

 

 

El Cristo de Velásquez

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Mt 27,45-46.50: Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona. Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: “¡Eloí, Eloí! ¿lama sabactaní?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”… Jesús dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.

Meditación: Jesús clavado en la cruz, inmovilizado en esta terrible posición, invoca al Padre (cf. Mc 15,34; Mt 27,46; Lc 23,46). Todas las invocaciones atestiguan que Él es uno con el Padre. «Yo y el Padre somos una misma cosa»(Jn 14,9); «Mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también» (Jn 5,17). 

He aquí el más alto, el más sublime obrar del Hijo en unión con el Padre. Sí: en unión, en la más profunda unión, justamente cuando grita: Eloí, Eloí, ¿lama sabactani?: «Dios mío, Dios mío, ¿porque me has abandonado?» (Mc 15,34; Mt 27,46). Este obrar se expresa con la verticalidad del cuerpo que pende del madero perpendicular de la cruz, con la horizontalidad de los brazos extendidos a lo largo del madero transversal. El hombre que mira estos brazos puede pensar que con el esfuerzo abrazan al hombre y al mundo.

Abrazan.

He aquí el hombre. He aquí a Dios mismo. «En Él… vivimos y nos movemos y existimos» (Act 17,28).
En Él: en estos brazos extendidos a lo largo del madero transversal de la cruz. El misterio de la redención.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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Esta imagen de Nuestra Señora de los Dolores,
de madera policromada del s.XVI se halla
en un pequeño altar junto al Calvario.

XIII Estación
Aquí Jesús
es bajado de la Cruz
y puesto en brazos
de su Madre

 “La Piedad” de Bouguerau (1876)

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Mt 27,57-58: Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dió orden de que se le entregase. José tomó el cuerpo, lo envolvió en un sábana limpia…

Meditación: En el momento en que el cuerpo de Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de la Madre, vuelve a nuestra mente el momento en que María acogió el saludo del ángel Gabriel: «concebirás en tu seno y darás a luz un hijo a quien pondrás por nombre Jesús… Y le dará el Señor Dios el trono de David, su padre… y su Reino no tendrá fin» (Lc 1,31-33). María sólo dijo: «hágase en mi según tu palabra» (Lc 1,38), como si desde el principio hubiera querido expresar cuanto estaba viviendo en este momento.

En el misterio de la redención se entrelazan la gracia, esto es, el don de Dios mismo, y el «pago» del corazón humano. En este misterio somos enriquecidos por un Don de lo alto (Sant 1,17) y al mismo tiempo somos comprados con el rescate del Hijo de Dios (cf. 1 Cor 6,20; 7,23; Act 20,28). Y María, que fue más enriquecida que nadie con estos dones, es también la que paga más. Con su corazón.

A este misterio está unida la maravillosa promesa realizada por Simeón cuando la presentación de Jesús en el templo: «Una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones»

También esto se cumple. ¡Cuántos corazones humanos se abren ante el corazón de esta Madre que tanto ha pagado!

Y Jesús está de nuevo todo él en sus brazos, como lo estaba en el portal de Belén (cf. Lc 2,16), durante la huída a Egipto (cf. Lc 2,14), en Nazaret (cf. Lc 2,39-40). La piedad.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 


 

Encerrada en una pequeña cámara
se halla el Santo Sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo.

XIV Estación

Aquí Jesús
 es puesto en el sepulcro

 

 

Jesus es dejado en el Sepulcro

 

– Te adoramos Cristo y te bendecimos.

– Porque con tu santa cruz redimiste al mundo.

 

Cita Bíblica: Mc 15,45-46: José, comprando una sábana, lo descolgó de la cruz, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca; luego, hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro.

Meditación: Desde el momento en que el hombre, a causa del pecado, se alejó del árbol de la vida (cf. Gen 3), la tierra se convirtió en un cementerio. Tantos sepulcros como hombres. Un gran planeta de tumbas.

En las cercanías del Calvario había una tumba que pertenecía a José de Arimatea (cf. Mt 27,60). En este sepulcro, con el consentimiento de José, depositaron el cuerpo de Jesús una vez bajado de la cruz (cf. Mc 15,42-46). Lo depositaron apresuradamente, para que la ceremonia acabara antes de la fiesta de Pascua (cf. Jn 19,31), que empezaba en el crepúsculo.

Entre todas las tumbas esparcidas por los continentes de nuestro planeta, hay una en la que el Hijo de Dios, el hombre Jesucristo, ha vencido a la muerte con la muerte. O mors! ero mors tua!: «¡Muerte, ¡yo seré tu muerte!»(1.ª antif. Laudes del Sábado Santo). El árbol de la vida, del que el hombre fue alejado por su pecado, se ha revelado nuevamente a los hombres en el cuerpo de Cristo. «Si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (Jn 6,51).

Aunque se multipliquen siempre las tumbas en nuestro planeta, aunque crezca el cementerio en el que el hombre surgido del polvo retorna al polvo (cf. Gen 3,19), todos los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven la esperanza de Resurrección.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

 

 

 

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