subscribe: Posts | Comments

Rezo del Santo Rosario

SEGÚN LAS SUGERENCIAS PROPUESTAS POR  EL BEATO JUAN PABLO II
EN LA CARTA APOSTÓLICA “EL ROSARIO DE LA VIRGEN MARÍA”1

 

INTRODUCCIÓN

“El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad… (RVM 1) (no) debe infravalorarse, dado que es fruto de una experiencia secular. La experiencia de innumerables Santos aboga en su favor. Lo cual no impide que pueda ser mejorado. Precisamente a esto se orienta la incorporación, en el ciclo de los misterios, de la nueva serie de los mysteria lucis, junto con algunas sugerencias sobre el rezo del Rosario que propongo en esta Carta” (RVM 28).

Camino de asimilación del misterio … Una cosa está clara: si la repetición del Ave María se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. La repetición favorece el deseo de una configuración cada vez más plena con Cristo, verdadero ‘programa’ de la vida cristiana (RVM 26).

… el Rosario es un método para contemplar (RVM 28).

 El enunciado del misterio. Composición de lugar “Enunciar el misterio, y tener tal vez la oportunidad de contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es como abrir un escenario en el cual concentrar la atención“ (RVM 29)

La escucha de la Palabra de Dios y Comentario. Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente, …otras palabras nunca tienen la eficacia de la palabra inspirada… esta palabra se puede ilustrar con algún breve comentario (RVM 30).

El silencio. La escucha y la meditación se alimentan del silencio. Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado. … (RVM 31)

El “Padrenuestro”. … Esta relación con el Padre nos hace hermanos suyos y entre nosotros, comunicándonos el Espíritu, que es a la vez suyo y del Padre. El “Padrenuestro”, puesto como fundamento de la meditación cristológi­co-mariana que se desarrolla mediante la repetición del Ave María, hace que la meditación del misterio, aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial (RVM 32).

Las diez “Ave María”. Este es el elemento más extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oración mariana por excelencia. … En efecto, la primera parte del Ave María, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra –la encarnación del Hijo en el seno virginal de María–,… Repetir en el Rosario el Ave María nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia….

El centro del Ave María, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jesús. …Pero es precisamente el relieve que se da al nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Rosario. Ya Pablo VI recordó en la Exhortación apostólica Marialis cultus la costumbre, practicada en algunas regiones, de realzar el nombre de Cristo añadiéndole una cláusula evocadora del misterio que se está meditando. Es una costumbre loable, especialmente en la plegaria pública. Expresa con intensidad la fe cristológica, aplicada a los diversos momentos de la vida del Redentor. … (RVM 33)

El “Gloria”. La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana. En efecto, Cristo es el camino que nos conduce al Padre en el Espíritu. … (RVM 34)

La jaculatoria final – oración. Habitualmente, en el rezo del Rosario, después del “Gloria” sigue una jaculatoria… parece oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio… (RVM 35)

Inicio y conclusión. …se suele iniciar con la invocación del Salmo 69: “Dios mío ven en mi auxilio, Señor date prisa en socorrerme”,… (o también), se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende… La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales. Precisamente para fomentar esta proyección eclesial del Rosario, la Iglesia ha querido enriquecerlo con santas indulgencias para quien lo recita con las debidas disposiciones (RVM 37). (Nota: Indulgencia plenaria, una vez al día, al que rece una tercera parte del Rosario en una Iglesia, en un oratorio público, en familia o en una comunidad religiosa o asociación piadosa. Las condiciones necesarias para obtener las indulgencias: 1. Que se recen las cinco decenas del Rosario sin interrupción. 2. Que las oraciones sean recitadas y los misterios meditados. 3. Si el Rosario es público, los Misterios deben ser anunciados. 4. Confesión,  Comunión y detestación de todo pecado. La Iglesia también concede una indulgencia parcial por cada una de las Avemarías que se rezan durante el Rosario.)

El Rosario es realmente un itinerario espiritual en el que María se hace madre, maestra, guía,… el espíritu siente necesidad de dedicar una alabanza a la Santísima Virgen, bien con la espléndida oración de la Salve Regina, bien con las Letanías lauretanas. Es como coronar un camino interior, que ha llevado al fiel al contacto vivo con el misterio de Cristo y de su Madre Santísima.

[dt_divider style=”narrow”/]

I. MISTERIOS GOZOSOS

 

V. ¡Dios mío, ven en mi auxilio!,

R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

CREDO: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica. la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 Se rezan los lunes y sábados

 

1. La Anunciación del Ángel a María y la Encarnación del Hijo de Dios.

           

Lectura del Evangelio (Lc 1, 26-38): “El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a … una virgen … cuyo nombre era María. El ángel la saludó diciendo:” ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo … Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús…”. María dijo al Ángel: “¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”. El Ángel le respondió: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el que ha de nacer será Santo y se lo llamará Hijo de Dios … porque no hay nada imposible para Dios”. María dijo entonces: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Consideración: “…los “misterios gozosos”, se caracterizan efectivamente por el gozo que produce el acontecimiento de la encarnación. Esto es evidente desde la anunciación, cuando el saludo de Gabriel a la Virgen de Nazaret se une a la invitación a la alegría mesiánica: “Alégrate, María”. A este anuncio apunta toda la historia de la salvación, es más, en cierto modo, la historia misma del mundo… Toda la humanidad está como implicada en el fiat con el que Ella responde prontamente a la voluntad de Dios” (RVM, 20).

 

            Dios te salve… Jesús, el Verbo Encarnado.

 

Oración: Señor, tú has querido que la Palabra se encarnase en el seno de la Virgen María; concédenos, en tu bondad, que cuantos confesamos a nuestro Redentor, como Dios y como hombre verdadero, lleguemos a hacernos semejantes a Él en su naturaleza divina.

 

2. La visita de María a su prima Santa Isabel.

           

Lectura del Evangelio (Lc 1, 39_48): “En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas ésta oyó el saludo de María, el niño saltó de gozo en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”… María dijo entonces: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su esclava. En adelante todas las generaciones me llamaran bienaventurada”.

Consideración: “El regocijo se percibe en la escena del encuentro con Isabel, donde la voz misma de María y la presencia de Cristo en su seno hacen “saltar de alegría” a Juan… María nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos que el cristianismo es ante todo evangelion, ‘buena noticia’, que tiene su centro o, mejor dicho, su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo” (RVM, 20).

 

            Dios te salve… Jesús que santificó a Juan en el seno de Isabel

 

Oración: Dios todopoderoso, tú que inspiraste a la Virgen María, cuando llevaba en su seno a tu Hijo, el deseo de visitar a su prima Isabel, concédenos, te rogamos, que, dóciles al soplo del Espíritu, podamos, con María, cantar tus maravillas durante toda nuestra vida.

 

3. El nacimiento de Jesús en Belén.

           

Lectura del Evangelio (Lc 2, 6_14): “Mientras se encontraba en Belén, le llegó el tiempo de ser Madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban los pastores… De pronto, se les apareció el Ángel del Señor y la gloria del Señor les envolvió con su luz… el Ángel les dijo: “No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Cristo Señor. Y esto os servirá de señal: encontrareis a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre”.

Consideración: “Repleta de gozo es la escena de Belén, donde el nacimiento del divino Niño, el Salvador del mundo, es cantado por los ángeles y anunciado a los pastores como “una gran alegría”… Meditar los misterios “gozosos” significa adentrarse en los motivos últimos de la alegría cristiana y penetrar en su sentido más profundo. Significa fijar la mirada sobre lo concreto del misterio de la Encarnación y sobre el sombrío preanuncio del misterio del dolor salvífico” (RVM, 20). Significa, también: “.. aprender el carácter sagrado de la vida, (y) mirando la casa de Nazaret se percata de la verdad originaria de la familia según el designio de Dios” (RVM, 25).

 

            Dios te salve… Jesús, a quien diste a luz en la gruta de Belén.

 

Oración: Oh Dios, que nos has alegrado con el nacimiento de Cristo, la luz verdadera, concédenos gozar en el cielo del esplendor de su gloria a los que hemos experimentado la claridad de su presencia en la tierra.

 

4. La presentación del niño Jesús en el Templo.

           

Lectura del Evangelio (Lc 2, 22_35): “Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel; y estaba en Él el Espíritu Santo.. … y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y … después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicciones, ¡Y a ti misma la espada te atravesará el corazón. Así se manifestaran claramente los pensamientos íntimos de muchos!”.

Consideración: “Los dos últimos misterios (de gozo), aun conservando el sabor de la alegría, anticipan indicios del drama… La presentación en el templo, a la vez que expresa la dicha de la consagración y extasía al viejo Simeón, contiene también la profecía de que el Niño será “señal de contradicción” para Israel y de que una espada traspasará el alma de la Madre” (RVM, 20).

 

            Dios te salve… Jesús que presentaste en el templo a los cuarenta días.

 

Oración: Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia.

 

5. El niño Jesús perdido y hallado en el Templo.

Lectura del Evangelio (Lc. 2, 41_52): “Cuando el niño cumplió doce años, subieron (a Jerusalén) y acabada la fiesta María y José regresaron pero Jesús permaneció en Jerusalén … Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de Él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndole preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: “Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Jesús les respondió: “¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”.

Consideración: “Gozoso y dramático al mismo tiempo es el episodio de Jesús de 12 años en el templo. Aparece con su sabiduría divina mientras escucha y pregunta, y ejerciendo sustancialmente el papel de quien ‘enseña’. La revelación de su misterio de Hijo, dedicado enteramente a las cosas del Padre, anuncia aquella radicalidad evangélica que, ante las exigencias absolutas del Reino, cuestiona hasta los más profundos lazos de afecto humano. José y María mismos, sobresaltados y angustiados, “no comprendieron” sus palabras” (RVM, 20).

 

            Dios te salve… Jesús que se dedicó enteramente a las cosas de su Padre.

 

Oración: Tú que quisiste que tus padres te buscaran durante tres días, enséñanos a buscar siempre primero el Reino de Dios y su justicia con los más necesitados, con los que tenemos más cerca, con nuestros compañeros de trabajo.

 

* IR A ORACIONES FINALES

[dt_divider style=”narrow”/]

II. MISTERIOS DOLOROSOS

 

V. ¡Dios mío, ven en mi auxilio!,

R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

CREDO: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica. la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Se rezan los martes y viernes

 

1. La Oración de Jesús en el monte de los Olivos.

           

Lectura del Evangelio (Lc. 22, 39_46): “Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos. Cuando llegaron, les dijo: “Oren, para no caer en la tentación”. Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba: “Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya”. Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba. En medio de la angustia, Él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que le corrían hasta el suelo”.

Consideración: El itinerario meditativo se abre con Getsemaní, donde Cristo vive un momento particularmente angustioso frente a la voluntad del Padre, contra la cual la debilidad de la carne se sentiría inclinada a rebelarse. Allí, Cristo se pone en lugar de todas las tentaciones de la humanidad y frente a todos los pecados de los hombres, para decirle al Padre: “no se haga mi voluntad, sino la tuya”. Este “sí” suyo cambia el “no” de los progenitores en el Edén. Y cuánto le costaría esta adhesión a la voluntad del Padre se muestra en los misterios siguientes. (RVM, 22).

 

            Dios te salve… Jesús que sudó sangre en Getsemaní.

 

Oración: Señor Jesús, que con total entrega has aceptado la muerte de cruz por nuestra salvación, haznos a nosotros y a todos los hombres del mundo partícipes de tu sacrificio en la cruz, para que nuestro existir y nuestro obrar tengan la forma de una participación libre y consciente en tu obra de salvación.

 

2. La flagelación de Jesús.

           

Lectura del Evangelio (Mc 15, 6_15): “Pilato le dijo (a la multitud): “¿Quieren que les ponga en libertad al rey de los Judíos?… ¿Qué debo hacer, entonces, con el que ustedes llaman rey de los Judíos?”. Ellos gritaron de nuevo: “¡Crucifícalo!”… Pilato, para contentar a la multitud, les puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado”.

Consideración: Los Evangelios dan gran relieve a los misterios del dolor de Cristo. La piedad cristiana, especialmente en la Cuaresma, con la práctica del Via Crucis, se ha detenido siempre sobre cada uno de los momentos de la Pasión, intuyendo que ellos son el culmen de la revelación del amor y la fuente de nuestra salvación” (RVM, 22). “La contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable… su mirada, siempre llena de adoración y asombro, no se apartará jamás de Él. Será a veces una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz, donde todavía será, en cierto sentido, la mirada de la ‘parturienta’, ya que María no se limitará a compartir la pasión y la muerte del Unigénito, sino que acogerá al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado a Ella” (RVM, 10)

 

            Dios te salve… Jesús, hecho flagelar por Pilatos.

 

Oración: Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo.

 

3. Jesús coronado de espinas.

           

Lectura del Evangelio (Mc 15, 16_20): “Los soldados lo llevaron dentro del palacio, al pretorio, y convocaron a toda la guardia. Lo vistieron con un manto púrpura, hicieron una corona de espinas y se la colocaron. Y comenzaron a saludarlo: “¡Salud, rey de los Judíos!”. Y le golpeaban la cabeza con una caña, le escupían y, doblando la rodilla, le rendían homenaje”.

Consideración: Con la flagelación, la coronación de espinas, la subida al Calvario y la muerte en cruz, (Jesús) se ve sumido en la mayor ignominia: Ecce homo! En este oprobio no sólo se revela el amor de Dios, sino el sentido mismo del hombre. Ecce homo: quien quiera conocer al hombre, ha de saber descubrir su sentido, su raíz y su cumplimiento en Cristo, Dios que se humilla por amor “hasta la muer­te y muerte de cruz” (RVM, 22).

 

            Dios te salve… Jesús ultrajado y escarnecido por los soldados.

 

Oración: Te damos gracias Señor, porque has puesta la salvación del género humano en el árbol de la cruz, para que donde tuvo origen la muerte de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un árbol vencido.

 

4. Jesús con la cruz a cuestas camino al Calvario.

           

Lectura del Evangelio (Jn 19, 15-17): Les dice Pilato: «¿A vuestro Rey voy a crucificar?» Replicaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que el César.» Entonces se lo entregó para que fuera crucificado. Tomaron, pues, a Jesús, y Él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota”

Consideración: Mientras se identifica con nuestro pecado, «abandonado» por el Padre, Él se «abandona» en las manos del Padre. Fija sus ojos en el Padre. Precisamente por el conocimiento y la experiencia que sólo Él tiene de Dios, incluso en este momento de oscuridad ve límpidamente la gravedad del pecado y sufre por esto. Sólo Él, que ve al Padre y lo goza plenamente, valora profundamente qué significa resistir con el pecado a su amor. Antes aún, y mucho más que en el cuerpo, su pasión es sufrimiento atroz del alma. La tradición teológica no ha evitado preguntarse cómo Jesús pudiera vivir a la vez la unión profunda con el Padre, fuente naturalmente de alegría y felicidad, y la agonía hasta el grito de abandono. La copresencia de estas dos dimensiones aparentemente inconciliables está arraigada realmente en la profundidad insondable de la unión hipostática. (NMI, 26)

 

            Dios te salve… Jesús que cargó con mis pecados.

 

Oración: Señor Jesucristo, colma nuestros corazones con la luz de tu Espíritu Santo, para que, siguiéndote en tu camino hacia el calvario, sepamos cuál es el precio de nuestra redención y seamos dignos de participar en los frutos de tu pasión, muerte y resurrección.

 

5. La Crucifixión y muerte de nuestro Señor Jesucristo.

           

Lectura del Evangelio (Jn. 19, 18.25_30): “Le crucificaron y con Él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio… Junto a la Cruz de Jesús, estaba su madre… Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo a quien Él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo.” Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. Después… dijo Jesús: “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza entregó su espíritu”.

Consideración: Jesús, “dando un fuerte grito expiró”: el grito de Jesús en la cruz, no delata la angustia de un desesperado, sino la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre en el amor para la salvación de todos. Mientras se identifica con nuestro pecado, «abandonado» por el Padre, Él se «abandona» en las manos del Padre. Fija sus ojos en el Padre. Precisamente por el conocimiento y la experiencia que sólo Él tiene de Dios, incluso en este momento de oscuridad ve límpidamente la gravedad del pecado y sufre por esto. Sólo Él, que ve al Padre y lo goza plenamente, valora profundamente qué significa resistir con el pecado a su amor. Antes aún, y mucho más que en el cuerpo, su pasión es sufrimiento atroz del alma. (NMI, 26)

 

            Dios te salve… Jesús que murió en la cruz.

 

Oración: Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos que quienes hemos conocido en la tierra este misterio alcancemos en el cielo los premios de la redención.

* IR A ORACIONES FINALES

[dt_divider style=”narrow”/]

III. MISTERIOS DE LUZ

V. ¡Dios mío, ven en mi auxilio!,

R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

CREDO: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica. la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

Se rezan jueves

1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.

           

Lectura del Evangelio (Mt 3, 13-17): “Entonces se presenta Jesús, que viene de Galilea al Jordán a donde Juan, para ser bautizado por Él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia.» Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».

Consideración: “Todo el misterio de Cristo es luz. Él es “la luz del mundo”. Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino… Misterio de luz es ante todo el Bautismo en el Jordán. En Él, mientras Cristo, como inocente que se hace ‘pecado’ por nosotros, entra en el agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto, y el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que le espera” (RVM, 21).

 

Dios te salve… Jesús, el Hijo Predilecto de Dios Padre.

 

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que Él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia.

 

2. El milagro en las bodas de Caná.

           

Lectura del Evangelio (Jn 2, 1-11): “Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús…Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino». Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora». Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga». Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. «Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala»… y el maestresala probó el agua convertida en vino … Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos”

Consideración: Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná, cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente…. El cometido que (María) desempeña en Caná acompaña toda la misión de Cristo. La revelación, que en el Bautismo en el Jordán proviene directamente del Padre y ha resonado en el Bautista, aparece también en labios de María en Caná y se convierte en su gran invitación materna dirigida a la Iglesia de todos los tiempos: “Haced lo que Él os diga”. Es una exhortación que introduce muy bien las palabras y signos de Cristo durante su vida pública, siendo como el telón de fondo mariano de todos los “misterios de luz” (RVM, 21).

 

            Dios te salve… Jesús que por tu ruego manifestó su poder a los discípulos.

 

Oración: Señor, Padre santo, que quisiste, por disposición admirable, que la bienaventurada Virgen María estuviese presente en los misterios de nuestra salvación, concédenos, atendiendo a las palabras de la Madre de Cristo, hacer aquello que tu Hijo nos ha mandado en el Evangelio.

 

3. Jesús anuncia el Reino de Dios.

           

Lectura del Evangelio (Mc 1, 13-15): “(Jesús) permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los ángeles le servían. Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva».

Consideración: Misterio de luz es la predicación con la cual Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con humilde fe, iniciando así el ministerio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia (RVM, 21). “Cristo no solamente tiene un corazón divino, rico en misericordia y perdón, sino también un corazón humano, capaz de todas las expresiones de afecto” (RVM, 26).

 

            Dios te salve… Jesús que nos llama a la conversión.

 

Oración: Dios misericordioso, escucha las plegarias de tus hijos que, inclinados por el peso de sus culpas, se convierten a ti e invocan tu clemencia; movido por ella enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador y nos diste a la Virgen Santa María como Reina de misericordia.

 

4. La Transfiguración de Jesús.

           

Lectura del Evangelio (Mc 9, 2-7): “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús…. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle»

Consideración: Misterio de luz por excelencia es la Trans­figuración, que según la tradición tuvo lugar en el Monte Tabor. La gloria de la Divinidad resplandece en el rostro de Cristo, mientras el Padre lo acredita ante los apóstoles extasiados para que lo “escuchen“ y se dispongan a vivir con Él el momento doloroso de la Pasión, a fin de llegar con Él a la alegría de la Resurrección y a una vida transfigurada por el Espíritu Santo (RVM, 21).

 

            Dios te salve… Jesús que manifestó su gloria en el Tabor.

 

Oración: Oh Dios, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, seamos un día coherederos de tu gloria.

 

5. La Institución de la Eucaristía.

           

Lectura del Evangelio (Mc 14, 7-8.22-24): “Llegó el día de los Azimos, en el que se había de sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan, diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»… Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos»”.

Consideración: Misterio de luz es la institución de la Eucaristía en la cual Cristo se hace alimento con su Cuerpo y su Sangre bajo las especies del pan y del vino, dando testimonio de su amor por la humanidad “hasta el extremo“ y por cuya salvación se ofrecerá en sacrificio (RVM, 21). María nos enseña “…a estar a los pies de la cruz para ofrecer al Padre el sacrificio de Cristo y unir al mismo el ofrecimiento de la propia vida. Con María (los fieles) viven el gozo de la resurrección, haciendo propias las palabras del Magníficat que cantan el don inagotable de la divina misericordia en la inexorable sucesión del tiempo: «Su misericordia alcanza de generación en generación a los que lo temen». De domingo en domingo, el pueblo peregrino sigue las huellas de María, y su intercesión materna hace particularmente intensa y eficaz la oración que la Iglesia eleva a la Santísima Trinidad. (Dies Domini, 86)

 

Dios te salve… Jesús que nos alimenta con su cuerpo en la Eucaristía.

 

Oración: Señor Dios nuestro, que en cada Misa nos convocas para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la alianza eterna; te pedimos que la celebración de esos santos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida.

* IR A ORACIONES FINALES

[dt_divider style=”narrow”/]

IV. MISTERIOS GLORIOSOS

 

V. ¡Dios mío, ven en mi auxilio!,

R. Señor, date prisa en socorrerme.

 

CREDO: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica. la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

Se rezan los miércoles y domingos

 

1. La resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

           

Lectura del Evangelio (Mt. 28, 1_10): “Al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a visitar al sepulcro. De pronto, se produjo un gran temblor de tierra: el Ángel de Señor bajó del cielo, hizo rodar la piedra del sepulcro y se sentó sobre ella… El Ángel dijo a las mujeres: “No temáis, yo sé que buscáis a Jesús, el Crucificado. No está aquí, porque ha resucitado como lo había dicho. Venid, ved el lugar donde estaba. Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos, e irá delante de vosotros a Galilea: allí le veréis”.

Consideración: “La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. ¡Él es el Resucitado!”. El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. Contemplando al Resucitado, el cristiano descubre de nuevo las razones de la propia fe, y revive la alegría no solamente de aquellos a los que Cristo se manifestó –los Apóstoles, la Magdalena, los discípulos de Emaús–, sino también el gozo de María, que experimentó de modo intenso la nueva vida del Hijo glorificado. (RVM, 23)

 

            Dios te salve… Jesús que resucitó al tercer día.

 

Oración: Señor Dios, que nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte, concede a los que celebramos la solemnidad de la resurrección de Jesucristo, ser renovados por tu Espíritu, para resucitar en el reino de la luz y de la vida.

 

2. La ascensión de nuestro Señor Jesucristo al cielo.

           

Del los Hechos de los Apóstoles (1, 7-11): Jesús dijo a sus discípulos: «… vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra». Y dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos. Estando ellos mirando fijamente al cielo mientras se iba, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? Este que os ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá así tal como le habéis visto subir al cielo».

Consideración: Por otra parte, este rebajarse del Hijo de Dios no es un fin en sí mismo; tiende más bien a la plena glorificación de Cristo, incluso en su humanidad. «Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un Nombre sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre» … Jesús es el «hombre nuevo» que llama a participar de su vida divina a la humanidad redimida. En el misterio de la Encarnación están las bases para una antropología que es capaz de ir más allá de sus propios límites y contradicciones, moviéndose hacia Dios mismo, más aún, hacia la meta de la «divinización», a través de la incorporación a Cristo del hombre redimido, admitido a la intimidad de la vida trinitaria. (NMI, 22)

 

            Dios te salve… Jesús que reina a la derecha del Padre.

 

Oración: Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria, y donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo.

 

3. La venida del Espíritu Santo sobre la Virgen María y los apóstoles.

           

De los Hechos de los Apóstoles (2, 1_4): “Y al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una impetuosa ráfaga de viento, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse”.

Consideración: En el centro del itinerario de gloria del Hijo y de la Madre, el Rosario considera, en el tercer misterio glorioso, Pentecostés, que muestra el rostro de la Iglesia como una familia reunida con María, avivada por la efusión impetuosa del Espíritu y dispuesta para la misión evangelizadora… Los misterios gloriosos alimentan en los creyentes la esperanza en la meta escatológica, hacia la cual se encaminan como miembros del Pueblo de Dios peregrino en la historia. Esto les impulsará necesariamente a dar un testimonio valiente de aquel “gozoso anuncio” que da sentido a toda su vida” (RVM, 23).

 

            Dios te salve… Jesús que envió el Espíritu Santo prometido

 

Oración: Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.

 

4. La asunción de María Santísima en cuerpo y alma al cielo.

           

Lectura del Apocalipsis (12, 14_16): “Pero se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila para volar hasta su refugio en el desierto, lejos del Dragón, donde debía ser alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua,  detrás de la mujer, para arrastrala con su corriente. Pero la tierra vino en ayuda de la Mujer: abrió su boca y se tragó el río que el Dragón había vomitado”.

Consideración: Con la Asunción ella es elevada a esta gloria, anticipando así, por especialísimo privilegio, el destino reservado a todos los justos con la resurrección de la carne. (RVM, 23). Pero “podemos imaginar que ha desempeñado esta función (de maestra) con los discípulos después de la Ascensión de Jesús, cuando se quedó con ellos esperando el Espíritu Santo … Recorrer con María las escenas del Rosario es como ir a la ‘escuela’ de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje (RVM, 14).

 

            Dios te salve… Jesús que te elevó en cuerpo y alma a los cielos.

 

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, concédenos, te rogamos, que aspirando siempre a las realidades divinas lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo.

 

5. La coronación de María Santísima como reina y señora de todo lo creado.

           

Lectura del Apocalipsis (12, 1.10_12): “Y apareció en el Cielo un gran signo: una Mujer revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en la cabeza… Y escuché una voz potente que resonó en el Cielo: Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías, porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios”.

Consideración: “Coronada de gloria –como aparece en el último misterio glorioso–, María resplandece como Reina de los Ángeles y los Santos, anticipación y culmen de la condición escatológica del Iglesia” (RVM, 23) … “La que en la anunciación se definió como «esclava del Señor» fue durante toda su vida terrena fiel a lo que este nombre expresa, confirmando así que era una verdadera «discípula» de Cristo, … (que) «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». Por esto María ha sido la primera entre aquellos que, «sirviendo a Cristo también en los demás, conducen en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar». Y ha conseguido plenamente aquel «estado de libertad real», propio de los discípulos de Cristo: ¡servir quiere decir reinar!” (Rmater).

 

            Dios te salve… Jesús que te asoció a la gloria de su Reino.

 

Oración: Porque te has complacido, Señor, en la humildad de tu sierva, la Virgen María la has coronado en este día de gloria y esplendor; por su intercesión, te pedimos que a cuantos has salvado por el misterio de la redención nos concedas también el premio de tu gloria.

* IR A ORACIONES FINALES

[dt_divider style=”narrow”/]

ORACIONES FINALES

REZAR POR LAS INTENCIONES DEL PAPA

SALVE: Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A ti llamamos, los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto de tu bendito vientre. Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María. V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

LETANÍAS

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

 

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

Dios, Padre Celestial

Dios, Hijo Redentor del mundo

Dios, Espíritu Santo

Trinidad Santa, único Dios

Santa María

Santa Madre de Dios

Santa Virgen de las vírgenes

Madre de Cristo

Madre de la divina Gracia

Madre Purísima

Madre castísima

Madre y Virgen

Madre santa

Madre inmaculada

Madre digna de ser amada

Madre digna de ser admirada

Madre del buen consejo

Madre del Creador

Madre del Salvador

Madre de la Iglesia

Virgen prudente

Virgen digna de veneración

Virgen digna de alabanza

Virgen poderosa

Virgen clemente

Virgen fiel

Espejo de justicia

Trono de sabiduría

Causa de nuestra alegría

Vaso espiritual

Vaso digno de honor

Vaso insigne de devoción

Rosa mística

Torre de David

Torre de marfil

Casa de oro

Arca de la alianza

Puerta del cielo

Huerto cerrado

Estrella de la mañana

Salud de los enfermos

Refugio de los pecadores

Consuelo de los afligidos

Auxilio de los cristianos

Reina de los ángeles

Reina de los patriarcas

Reina de los profetas

Reina de los apóstoles

Reina de los mártires

Reina de los confesores

Reina de las vírgenes

Reina de todos los santos

Reina concebida sin pecado original

Reina asunta al cielo

Reina del santo Rosario

Reina de la paz

Reina de las familias

 

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo / R. Perdónanos, Señor

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo / R. Escúchanos, Señor

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo / R. Ten piedad de nosotros

 

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Oremos: “Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios, vínculo de amor que nos une a los Ángeles, torre de salvación contra los asaltos del infierno, puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás. Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía. Para ti el último beso de la vida que se apaga. Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre, oh Reina del Rosario de Pompeya, oh Madre nuestra querida, oh Refugio de los pecadores, oh Soberana consoladora de los tristes. Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo”. (Beato Bartolomé Longo, apóstol del Rosario).

 

  1. Todos los textos de la introducción y la mayoría de las consideraciones de cada misterio son de la Carta Apostólica “El Rosario de la Virgen María” (RVM). []