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Qué me gustaría hacer en el cielo

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Qué me gustaría hacer en el cielo

Ushetu, Tanzania, 17 de agosto de 2015.

Parecía la entrada al cielo… Y ya con esta frase puedo quedar como demasiado optimista, pero prefiero errar por optimista y no por pesimista. Claro que ni nos podemos imaginar lo que será eso, como dice San Pablo, de la entrada al Cielo, pero hay cosas que nos pueden dar una muy remota idea de lo que nos espera en allá si somos fieles hasta el final.

Este fin de semana tuvimos la misa de acción de gracias de tres hermanas que habían hecho sus votos religiosos el mes pasado. Son de la congregación “Mabinti wa Maria”, es decir, las Hijas de María. Estas tres “nuevas” religiosas, son oriundas de esta parroquia de Ushetu, pero han recibido su formación en otros lugares, y luego de hacer sus primeros votos religiosos, es decir, de desposarse con Cristo, vinieron a hacer una misa de acción de gracias en sus aldeas.

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Dos de ellas eran de una aldea que se llama Ilomelo, y que está a unos 30 km del centro parroquial hacia el oeste, y la otra de la aldea de Ngokolo, a 25 km, pero en dirección opuesta. En ambos casos, eran las primeras religiosas en la historia de esas aldeas. Eso no es poca cosa. Tal vez a ustedes no les sorprenda, pero por estos lados es admirable. Porque estamos hablando de frutos de evangelización, de años de evangelización, y de trabajo de muchos misioneros y sacerdotes. Ver vocaciones en una misión, es cosechar el fruto de muchos esfuerzos… y es efecto de que el evangelio ha prendido. Y hablamos de aldeas donde hay muchos paganos, pero a su vez, comienzan a haber familias cristianas, capaces de ver lo importante que es entregar un hijo o una hija a Dios. Y muchas veces para ellos significa una verdadera renuncia, incluso a bienes materiales, porque por una hija pueden recibir una buena dote… según la estimación de ellos.

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El sábado 15, día de la Asunción de María, celebramos la Misa de agradecimiento de la hermana de Ngokolo, María Petronila. Fueron también las hermanas de nuestra familia religiosa del Verbo Encarnado, y además otras hermanas compañeras de la neo profesa, en total diez religiosas. Nunca en la historia del lugar habían visto allí algo así… y la gente venía a ver qué pasaba. Las otras hermanas que habían venido, también eran de Ushetu, pero que habían hecho sus votos en años anteriores… De esa manera mostrábamos a la gente las vocaciones de la parroquia, muchas, muy jóvenes, y se los anima a todos los papás a ser generosos y las jóvenes a contagiarse de esta vocación. Me parece que esto será otro principio de gran conversión de las aldeas… porque como les decía en la misa de acción de gracias, ellas serán como los ángeles de la guarda de sus aldeas, rezarán por su aldea, y se ofrecerán por la conversión de sus hermanos, de su familia, de su tribu.

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El domingo 16, ayer, fuimos con todas las hermanas a Ilomelo, aldea de las hermanas María Cristina y María Inmaculada. Nuevamente fuimos con nuestras hermanas Servidoras del Señor y la Virgen de Matará, que siempre se mostraron muy generosas y muy “hermanas” de estas nuevas monjitas. Cuando llegamos a las casas de las religiosas, que quedan a tres kilómetros antes de llegar a la capilla, nos estaban esperando un gran grupo de gente, y fue realmente alegre el recibimiento, con saludos, cantos, bailes… todo allí mismo, en la calle. Nos hicieron pasar a tomar un té, mientras las hermanas se preparaban para la misa, con sus hábitos blancos.

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Luego, subimos todos nuevamente a los vehículos, y comenzamos una caravana, tocando bocinas con los tres vehículos en que íbamos… un verdadero batifondo para lo que se estila por estos lados. Pasamos por el centro de la aldea, bien despacito… y tocando mucha bocina. Las hermanas iban saludando a diestra y siniestra, una verdadera misión popular.

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Pero cuando ya faltaba poco para llegar a la iglesia, cientos de niños salieron al camino cantando, gritando, agitando ramas de árboles y ramos de flores, y saludando. Junto a eso toda la gente grande a ambos lados aplaudiendo, cantando, y por supuesto, bailando. Toda la gente acompañaba con indecible jolgorio a los autos hasta la entrada de la capilla. Era emocionante… y eso fue lo que les dije al comenzar el sermón, que la entrada al cielo será muy parecida a la entrada en Ilomelo, con esa felicidad. Sobre todo porque es felicidad sobrenatural, nada más que eso. Porque eran las 12:30 del mediodía, hacía mucho calor, estábamos en una aldea a 30 km de la misión, por caminos polvorientos y resecos, y en plena época de sequía… pero todo eso ni contaba. Sólo había alegría. Van a decir que estoy exagerando, pero tendrían que haber estado allí… y me dirían que me quedo corto.

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La iglesia estaba llena a rebosar, tanto que no había logar para moverse, ni siquiera en el presbiterio. La fiesta se extendió durante todo el día, hasta la noche. La Misa era pura alegría, tanto que explotaban en aplausos a cada rato. Y ahora les voy a decir algo que es un disparate, es decir, teológicamente disparatado, pero dicho en sentido poético y así sea entendido… Si me dieran a elegir qué me gustaría hacer en el cielo, me gustaría dar la comunión, si eso allí se pudiera hacer. Es algo que me llena de alegría, y ayer lo experimenté de una manera particular. Mientras daba la comunión a tantas y tantas personas, y que pasaban con verdadera devoción, me imaginaba que en el cielo se podría dar la comunión a todo tipo de personas, de todas las razas y colores, de lengua y nación, de todas las edades y condición… El rostro de devoción y agradecimiento de tantas almas, es indescriptible, y el sacerdote tiene la oportunidad de verlo. Esas caras las veremos en el cielo.

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Tenemos que festejar de esta manera, hacer grandes fiestas cuando regresen a sus aldeas las nuevas religiosas, y sobre todo los nuevos sacerdotes… y mostremos lo importante que es en la iglesia la vocación religiosa y sacerdotal. Que sean los grandes acontecimientos de la historia de la aldea. Estos días escuchamos varias veces, incluso de algunas autoridades del poblado, como alcaldes y maestros, que era la primera vez que veían algo así en ese lugar.

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Y si me permiten seguir agregando, pienso que esa entrada en Ilomelo es un anticipo del cielo, porque para el misionero, si es fiel y persevera hasta el fin, si se gasta y desgasta por las almas… Dios le dará el poder ser recibido por esas almas que los acompañarán triunfalmente. Yo espero, y ruego a Dios, que sean miles y miles de rostros morenos los que me esperen allá, y llegaré en una camioneta… en un día muy caluroso! Pero pido entonces que podamos perseverar hasta el fin, ¡Firmes en la brecha! Por la gracia de Dios.

P. Diego Cano, IVE.

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